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SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
Domingo 3 Nov 2019 | 14:35 pm
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Hoy celebramos como todos los años la Solemnidad de Todos los Santos.
Es el gran día para contemplar esa multitud de hombres y mujeres de todo tiempo y lugar, de toda condición y estado, no sólo los canonizados oficialmente por la Iglesia, sino todos los que están en el cielo.
Los que hoy aparecen en la gloriosa escena del Apocalipsis, esa "enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas" que cantan a Dios.
Estamos unidos a ellos realmente. Repito, realmente. Es lo que decimos en el Credo: la "Comunión de los Santos".
Existe realmente esta Comunión entre los bienaventurados en el cielo y nosotros en la tierra, entre la Iglesia celestial e invisible y la Iglesia terrena y visible.
Esa Iglesia celestial es nuestra Casa definitiva, nuestra verdadera "casa común".

Dice San John Henry Newman, recién canonizado: "Descubrimos que no estamos solos; que otros, antes, han estado en nuestra misma condición, han tenido nuestros sentimientos, han sobrellevado nuestras pruebas, y han trabajado por el premio que estamos buscando.
Nada eleva más la mente que la conciencia de ser miembro de una compañía grande y victoriosa…Un cristiano…es uno de una multitud, y todos aquellos Santos de los que lee son sus hermanos en la fe.
Encuentra, en la historia del pasado, una peculiar consolación que contrarresta la influencia del mundo visible.
Los espíritus de los justos le dan coraje para seguirlos. .¡Qué mundo de simpatía y consuelo se abre a nosotros en la Comunión de los Santos!" (PPS III,17).
"Es la Iglesia de Dios el verdadero Hogar que Dios nos provee, su propia corte celeste, donde mora con los Ángeles y los Santos, en el cual nos introduce por un nuevo nacimiento.
Es aquel santo hogar que Dios nos dio en la Iglesia, es la Ciudad eterna en la que Él ha fijado su residencia.
Es el Monte invisible. ¿Qué compañía puede ser más gloriosa, más satisfactoria que la que pueden dar los habitantes de la Ciudad de Dios?...
¿Estás sólo?...Cae de rodillas y tus pensamientos se aliviarán por la idea y la realidad de sus invisibles compañeros." (PPS IV, 12)

¡Cómo los santos han querido siempre ser santos y llegar a conocer a los santos anteriores en el cielo!
Esa compañía grande y victoriosa, como dice Newman, que escribe en una meditación: "Ellos están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche…No conozco aquí abajo nada que dure, nada que satisfaga.
Los placeres llegan y se van; apago mi sed y estoy sediento otra vez. Pero los santos en el cielo tienen siempre su mirada fija en Ti, y beben en la eterna bendición de tu amado, benévolo, sumamente tremendo y glorioso semblante.
Sea mi lote estar con los santos." (MD).

Y decía también San Bernardo de Claraval varios siglos antes: "El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados,...de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos.
Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.
Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos las cosas de arriba; pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo.
Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma.
Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos.
Debemos desear también en gran manera la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas". (Sermón 2, opera omnia)

Estas cosas pedían y predicaban los santos acerca de los santos.
La santidad es la vocación universal para todos los cristianos.
Cualquier otra cosa no es más que un medio, pero la santidad es el fin, sin el cual no podremos entrar al cielo.
Contemplemos la vida de los santos aquí, de aquellos al menos que podemos conocer, y tratemos de imitarlos, con la ayuda de la gracia.

Que hoy coincida esta gran Solemnidad de Todos los Santos con un primer viernes de mes, es una providencia que nos ayuda a comprender que los Santos han sido tales porque se han dejado atraer por el Corazón de Jesús, por el Santo de los Santos.
Esta atracción y la unión con Él es la fuente de toda santidad.
No hay otra. De modo, que hoy podemos contemplar a los Santos y al mismo tiempo al origen de su santidad. Jesús mismo nos dijo: "Sed santos como vuestro Padre celestial es santo" (Mt 5,48).
Y San Pablo enseñó que todos "los santificados en Cristo Jesús, estamos llamados a ser santos" (l Co 1,2).


No hay que extrañarse que el diablo haya querido oscurecer esta Solemnidad introduciendo en ciertos ambientes el Halloween (viene de All Hallows Eve,las vísperas de todos los santos), la fiesta de las Brujas, unida también a la Conmemoración de todos los muertos, por quienes rezaremos mañana, las almas del Purgatorio que son la tercera parte de la Iglesia camino al cielo.
Hay que agradecer que muchos colegios hayan optado por disfrazar a los niños de distintos santos, para contrarrestar esa celebración de los demonios.
La Luz vence a las tinieblas.

La santidad no es un añadido a nuestra vida cristiana, es la esencia de nuestra vida cristiana.
Busquémosla por encima de todo, no sólo con la mente y el corazón sino con la oración y las obras que hagamos.
¡Todos los Santos de Dios, rogad por nosotros!