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Santidad y oración. San John Henry Newman, Cardenal
Domingo 3 Nov 2019 | 14:14 pm
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Ya los profetas clamaban contra este abuso de los desvalidos.
La viuda insiste con su pedido.
El juez se sintió molesto con tanta insistencia, y para sacársela de encima le hizo justicia.
Cristo saca la conclusión: si por egoísmo los hombres hacen favores, cuánto más Dios los hará a sus fieles. Y agrega: "aunque los haga esperar".

Se trata de una sola enseñanza que la dice al principio: "es necesario orar siempre sin desanimarse".
Siempre no significa una oración matemáticamente continua, sino asidua, en todo tiempo.
Y debe hacerse sin desánimos cuando lo que se pide Dios no lo concede de inmediato, por eso dice: "aunque los haga esperar".
La espera no está en contradicción sino que es un modo de confirmar y de asegurar la eficacia de esa oración.

San Lucas, que escribe este evangelio, fue discípulo de San Pablo, quien en sus cartas habla a menudo de "orar siempre" (1 Tes 5,17, Rom 1,10, Ef, 3,13), y de "no perder el ánimo" (2 Tes 8,13, 2 Cor 4,1).
Entre la parábola de los diez leprosos del domingo pasado y la de hoy, Jesús ha estado hablado de su segunda venida al fin de los tiempos, de modo que está diciendo con la parábola que hay que "vigilar", "velar", "orar" con insistencia.
Vigilar orando la llegada del Señor. Por eso dice al final del texto: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre (es decir, Jesucristo), ¿encontrará fe sobre la tierra?".
La parábola enseña la necesidad de una oración perseverante, en vigilia por la venida de Cristo, y a la vez para mantener la fe en momentos de confusión en los que, como dicen los evangelios de San Mateo y San Marcos, "se enfriará la caridad de muchos" (Mt 24,12), y aparecerán falsos profetas y falsos "cristos", con portentos, que pretenderán engañar, si fuera posible, a los mismos "elegidos" (Mc 13,22).
Y esa frialdad de muchos vendrá porque ha faltado oración, es decir, fe.




Esta ha sido la enseñanza y la práctica de la Iglesia, desde los primeros cristianos hasta hoy, ejemplificada sobre todo en la vida de los santos de todos los tiempos.
Precisamente el domingo pasado el Papa ha canonizado cinco nuevos santos, entre ellos San John Henry Newman, un hombre de gran oración desde su primera juventud.
Ustedes saben que me he ausentado por esta razón. Hace treinta años fundé en Buenos Aires la Asociación Amigos de Newman, y fui como representante argentino a la canonización, junto con otros sacerdotes y laicos.
Publicamos desde entonces una revista cuatrimestral llamada Newmaniana. En esta iglesia se celebraron los 25 años de la Asociación en 2015.
A menudo he citado en los sermones pasajes de los escritos de Newman, tratando de difundir también aquí la vida de este gran converso del anglicanismo al catolicismo. Hace tres o cuatro años había un grupo de jóvenes que integraban in Círculo Newmaniano, y también el grupo misionero de hace dos años leía pensamientos y rezaba oraciones de Newman.
Convoqué antes de viajar para una reunión donde expuse con imágenes la vida de Newman, que vivió entre 1801 y 1890.
Fue un joven que siguió a Dios desde su primera juventud, nacido en Londres en el ámbito de la Iglesia anglicana.
En Oxford recibió el sacerdocio anglicano, y fue profesor distinguido, y el líder de un Movimiento de renovación de la Iglesia anglicana.
Pero en ese intento, y luego de un proceso largo, encontró la Verdad en la Iglesia Católica Romana, a la cual se convirtió a los 44 años, después de un retiro de cuatro años en la pequeña localidad de Littlemore, a pocas millas de Oxford, hoy un verdadero santuario newmaniano. Fue ordenado sacerdote católico en Roma y volvió a Inglaterra para fundar el primer Oratorio de San Felipe Neri.
Allí vivió, en Birmingham, hasta su muerte. Es el otro santuario newmaniano.
A los 79 años el papa León XIII lo hizo Cardenal en reconocimiento a su servicio a la Iglesia. Murió a los 90 años.
Ha dejado más de 80 volúmenes de sus obras escritas: sermones, ensayos teológicos, escritos históricos, poesías, y más de 20.000 cartas.
Fue un excelente pastor de almas, tanto como sacerdote anglicano y después como sacerdote católico.
Se le reconoce como el teólogo más importante de la época contemporánea, y durante el siglo XX y lo que va del XXI ha tenido una influencia enorme en la Iglesia universal.
Se espera que en breve, y luego de su canonización el domingo pasado, sea nombrado Doctor de la Iglesia.

Doy gracias de haber podido hacer el viaje para estar primero en los lugares donde vivió en Inglaterra, y luego en Roma para la misa de canonización en la plaza de San Pedro, y los demás eventos anteriores y posteriores a la misma: el día antes la vigilia de oración en la Basílica de Santa María la Mayor y el día después le misa de acción de gracias en la Basílica de San Juan de Letrán, presidida por el Cardenal primado de Inglaterra.
Hubo un concierto y oración en la Iglesia oratoriana de San Felipe Neri, y simposio de teología en la Universidad del Angelicum bajo el título "Newman profeta".
Esto es San John Henry Newman, entre otras cosas: un profeta para nuestro tiempo. Vio de lejos lo que ahora ocurre en nuestro mundo y en la Iglesia. En un guía y maestro seguro y un santo intercesor.
Les recomiendo vivamente leer sus escritos y meditarlos. Newman no es sólo un santo inglés, sino universal.
Precisamente nos impulsa a buscar, ante todo, y en cualquier estado o condición que nos encontremos, sacerdotes o laicos, la santidad como vocación universal y necesaria para la felicidad auténtica y la salvación eterna.

El milagro para su canonización no pudo haber sido más significativo en el mundo actual. Fue en Chicago.
Una mujer estaba esperando su quinto hijo y sufría de hemorragias que la llevaban a la muerte.
En el momento más crítico imploró la ayuda de Newman y fue curada instantáneamente.
Y nació una niña saludable. Newman salvó "las dos vidas".
Ese matrimonio tiene hoy ocho hijos, y estaban todos presentes en la misa de canonización.
Llevaron las ofrendas al altar. Pude hablar con ellos providencialmente.

El lema de Newman es COR AD COR LOQUITUR, el corazón habla al corazón, referido a nuestra relación con Dios y también a nuestra relación mutua como cristianos.
También su epitafio nos ilumina: Desde las sombras y las imágenes hacia la Verdad.

Quiero decirles que ningún día olvidé rezar por esta comunidad católica de Nuestra Señora de Luján, y en especial en la Misa de canonización del domingo pasado.
Ya habrá oportunidad de contar más cosas y mostrar algunas fotos. En noviembre celebraremos aquí una Misa de acción de gracias que ya anunciaré.
Al salir repartiré estampas nuevas. Allí encontrarán tres oraciones compuestas por Newman: una pidiendo ser Luz para otros, otra para encontrar nuestra Misión personal, y la tercera como Entrega en manos de la Providencia divina.

San John Henry Newman, Cardenal, ruega por nosotros.