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Santa María Madre de Dios
Martes 15 Ene 2019 | 23:37 pm
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LECTURAS


Lectura del libro de los Números 6, 22-27

El Señor dijo a Moisés: “Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: "Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz." Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”


Palabra de Dios.

SALMO Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 2a)

R. El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 4, 4-7

Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.
Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.


Palabra de Dios.



Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 16-21

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.


Palabra del Señor.


REFLEXIONANDO JUNTOS.


El ángel anuncia a los pastores gracia y paz.
Se habían terminado los plazos necesarios para la educación religiosa de la humanidad, y Dios enviaba a su Hijo a la tierra para guiarnos a la verdad.

¡Miren cómo nos ama Dios; déjense contagiar por su amor!
¿Por qué seguir en el temor?
¿No han comprendido que Dios se hizo niño y que en adelante pasará siempre entre nosotros como un niño que no habla ni puede defenderse?

Miren cómo lo reconocerán.
Reconocerán a Dios en que se hizo pobre con nosotros para luego comunicarnos sus riquezas.


Después regresaron alabando y glorificando a Dios.
Mientras el mundo está sumergido en la noche, unos pastores han visto a Dios.
¿Por qué fueron llamados a ir al pesebre?
Tal vez y sencillamente porque Dios encuentra su alegría en darse a conocer a los pobres; María y José también se sintieron felices al compartir con ellos algo de su secreto.

Con el nacimiento de Jesús han empezado los tiempos nuevos (los últimos tiempos, dirán los apóstoles), en que, por una parte, se sigue esperando la salvación del mundo y, por otra, ya se está gozando de esta salvación.
Los pastores fueron los modelos de quienes son llamados por Dios a una vida «contemplativa»; a partir de ellos, la Iglesia nunca se dedicará totalmente a las obras de misericordia o de promoción humana, sino que, con lo mejor de su espíritu, seguirá contemplando a Cristo presente en ella, para dar gracias y alegrarse en Dios.

María guardaba estos acontecimientos.
Porque cualquier hecho de su vida era para ella una manera que Dios tenía de comunicarle sus intenciones.
¡Cuánto más ahora que vivía los acontecimientos junto con Jesús!
Se extrañaba, se admiraba, pero no se desconcertaba.
Su fe estaba más allá de cualquier vacilación, pero también a ella le correspondía descubrir lenta y penosamente los caminos de la salvación.
Los volvía a meditar en su interior, hasta que llegaron los días de la resurrección y de Pentecostés en que se aclararon todos los gestos y dichos de Jesús.