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Primer DOMINGO DE ADVIENTO
Miercoles 5 Dic 2018 | 17:35 pm
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LOS DOS ADVIENTOS
He estado ausente dos domingos seguidos.
El motivo fue una invitación para dar unas conferencias en Washington, en la Universidad Católica, sobre el pensamiento teológico del beato John Henry Newman.
Muchos saben que me he dedicado a estudiar su vida y obra desde hace varias décadas, y que mi doctorado en teología fue sobre él.

En 1990 fundé con otros sacerdotes y laicos la “Asociación Amigos de Newman en Argentina”, que, entre otras cosas, edita una publicación llamada “Newmaniana”, con traducciones y artículos.
Newman nació en Inglaterra en 1801 y murió allí en 1890, viviendo casi todo el siglo XIX.

Su hogar de origen, académico y religioso, fue Oxford, donde tuvo una influencia enorme como sacerdote y profesor, liderando un Movimiento para renovar la Iglesia Anglicana.
Pero allí mismo, estudiando la Iglesia de los Santos Padres de los primeros siglos, y la historia posterior, se convirtió al catolicismo a los 44 años, en la mitad de lo que sería su larga vida.
Ordenado sacerdote católico, vivió en Birmingham, donde fundó con otros conversos el primer Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra, y desde donde siguió teniendo una influencia notable hasta su muerte.

El papa León XIII lo hizo Cardenal a los 78 años.
Sus escritos abarcan unos 60 volúmenes, con más de 600 sermones, ensayos teológicos, escritos históricos, artículos, oraciones y meditaciones, poesías, y 20.000 cartas.
Su influencia en el siglo XX y hasta hoy es inmensa.

Su obra es conocida universalmente.
Fue beatificado por el papa Benedicto XVI en 2010. Y estando ahora en Washington me enteré de que ha sido prácticamente aprobado un milagro en Chicago, una curación instantánea de una mujer embarazada, y que sería canonizado el año próximo.
Cuando esto ocurra, sería declarado también Doctor de la Iglesia, es decir, maestro de la fe.
La alegría es muy grande por esta noticia. Tengo la intención de difundir también entre ustedes su vida y escritos.


Hoy comienza el tiempo de Adviento...
Es el mes de preparación para la celebración de la Navidad.
Y parece apropiado ver qué dijo Newman.
Entre sus sermones hay cuatro, predicados en 1835, uno en cada domingo de Adviento, dedicados al Anticristo según el pensamiento de los Santos Padres de la Iglesia.
El conflicto tiene que ver con el misterio de la salvación, es la lucha original y hasta el fin del demonio y de sus seguidores contra Dios, de los poderosos del mundo contra Cristo y su Iglesia, y cómo la Iglesia debe afrontarlo una y otra vez en cada época y lugar.
En el evangelio de hoy, Jesús mismo describe esta situación apocalíptica final.
Pero en ella no solo aparece la presencia del Maligno sino la Venida de Jesucristo, “lleno de poder y de gloria”.
Y en esto se funda la esperanza cristiana.

Por eso el Adviento, no sólo medita la Navidad, el nacimiento de Jesús, su Primera Venida, sino también su Segunda Venida, al fin de los tiempos, que puede ocurrir en cualquier época.
De allí que Jesús nos advierta hoy “para que ese día no caiga de improviso sobre nosotros como una trampa”, y nos exhorta a “estar prevenidos y orar incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir”, y “poder comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.
Es notable lo que nos dice: “Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”. Los cristianos vivimos entre estas dos Venidas, la que ocurrió en Belén hace dos mil años, y la que ocurrirá al fin de los tiempos.
Celebramos entonces, dos Advientos.
Los cristianos somos realmente los que conocemos con certeza, no sólo lo que ya ocurrió sino lo que va ocurrir.
Porque tanto en el pasado como en el futuro es Jesucristo el que actúa.
Pero si tenemos esta sabiduría, debemos vivir de acuerdo a ella.
Newman predicó mucho acerca de esto. Quisiera que lo haga hoy.

Dice en su sermón “Esperando a Cristo”: Cuando nuestro Señor se iba de la tierra, afirmó que pronto volvería de nuevo, pero como por pronto no quiso decir lo que a primera vista se entiende con esta palabra, añadió “repentinamente” o “como un ladrón”...
Aunque parece tardar, el Señor ha declarado que su venida es rápida y nos ha invitado a velar continuamente esperándola...como algo que puede llegar en cualquier momento, a pesar de que la Iglesia haya esperado casi dos mil años...
Se nos manda estar atentos a la llegada del gran Día…
Es bueno vivir como si el final humano hubiera de tener lugar en nuestros días, cualquier día.

Y en su sermón “Vigilar”, compara las dos venidas:
El anunció su primera venida y sin embargo cuando llegó tomó a Su Iglesia por sorpresa.
La segunda vez llegará y sorprenderá a los hombres mucho más repentinamente, ya que no ha medido el intervalo de tiempo que falta, como hizo entonces, sino que dejó nuestra vigilancia al cuidado de la fe y del amor…
Esto es entonces vigilar: apartarse de lo que es presente y vivir en lo que es invisible, vivir pensado en Cristo, cómo vino una vez y cómo vendrá nuevamente, y desear su segunda venida desde nuestro recuerdo afectuoso y agradecido de la primera.

En efecto, la palabra justa para definir la vida cristiana es “vigilar”, porque es la actitud típica de los que esperan atentos el Segundo Adviento.
No es un simple esperar, sino una expectación activa que nos mantiene en la presencia de Dios.
Es sinónimo de “velar”. Y Newman siempre describe con gran precisión las actitudes contrarias, en este caso la de aquellos que no vigilan, por amor al mundo.
Y dice: Sirven a Dios y le buscan, pero miran al mundo presente como si fuera eterno, no una escena meramente temporaria de sus obligaciones y privilegios, y nunca contemplan la perspectiva de ser separados de él.
No es que olviden a Dios, que no vivan según principios, u olviden que los bienes de este mundo son un don Suyo, pero los aman por sí mismos más que por su Dador, y cuentan con retenerlos como si tuvieran esa permanencia que tienen las obligaciones y privilegios religiosos.
No entienden que están llamados a ser extranjeros y peregrinos sobre la tierra, y que su lote mundano y los bienes terrenales son una suerte de accidente de su existencia, y que realmente no tienen propiedad sobre ellos aunque la ley humana garantice esa propiedad.
De modo que ponen su corazón en estos bienes, sean grandes o pequeños, no sin un sentido religioso mientras tanto, pero de todos modos idolátricamente…Aman la riqueza y la distinción, el crédito y la influencia.
Pueden mejorar en la conducta pero no en el anhelo.
Avanzan pero no suben, se mueven en un nivel bajo y si pudieran moverse así durante siglos, no se levantarían por encima de la atmósfera de este mundo...
Se sienten muy bien como están, y desean servir a Dios como están.
Están satisfechos con permanecer en la tierra, no desean moverse, no desean cambiar…Se trata de esa mezcla de religión y falta de fe, que sirve a Dios por cierto, pero ama las modas, las distinciones, los placeres y las comodidades de la vida, que siente satisfacción en ser próspero en ciertas circunstancias, le gustan las pompas y vanidades, es especial acerca de la comida, el vestido, la casa, los muebles y los asuntos domésticos, se codea con gente importante y desea tener una posición en la sociedad....
Cristo advierte a sus discípulos del peligro de apartar sus pensamientos de El por cualquier causa que sea…El llamado de Newman a la conversión es conmovedor.
Los años pasan silenciosamente y la llegada de Cristo está cada vez más cerca de lo que estaba….
Hermanos, rogadle que os dé un corazón para buscarlo con sinceridad.
Rezadle para que os haga vivir seriamente...
Decidid no vivir más engañados por “sombras de religión”, por palabras, por discusiones, por nociones, por grandes declaraciones, por excusas, o por las promesas o amenazas del mundo.
Rezad para que os dé lo que la Escritura llama “un corazón honesto y bueno”, o “un corazón perfecto”, y sin esperar, comenzad inmediatamente a obedecerle con el mejor corazón que tengáis…
La vida es corta, la muerte es cierta, y el mundo venidero es eterno.

Vigilar, velar, supone estar siempre preparados. ¿Cómo? Viviendo con Cristo. Newman nos habla de la Eucaristía, como nuestro “sostén” entre su Primera y su Segunda venida.
En un sermón medita sobre las palabras “hasta que el venga” (1 Cor, 11,26), y nos dice:
El pan que baja del cielo es como el maná, “pan 'cotidiano'”, y eso “hasta que El venga”, hasta que Su “reino venga”.
Todos nuestros deseos y oraciones descansan y concluyen en Su venida al fin del mundo, y en Su comunión presente tenemos un sostén y consuelo mientras tanto, juntando el pasado y el futuro, recordándonos que Él ha venido una vez y prometiéndonos que vendrá de nuevo...
La naturaleza decae, el sol no brilla y la luna se apaga, las estrellas caen del cielo, y los fundamentos del mundo entero se conmueven, pero la luz del Altar arde siempre con mayor brillo; hay cosas allí que la mayoría no puede ver, y sobre todos los tumultos de la tierra se escucha el mandato de anunciar la muerte del Señor, y la promesa de que el Señor está viniendo.
Que así sea.