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LA SABIDURÍA DIVINA... Y LA SABIDURÍA HUMANA (Dom. 28)
Viernes 19 Oct 2018 | 17:06 pm
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La primera lectura que escuchamos es un pasaje del libro de la Sabiduría, escrito en la segunda mitad del siglo I antes de Cristo, es decir, el último de los libros del AT, probablemente escrito por un judío de Alejandría, un sabio de Israel.
Exhorta a la búsqueda de la Sabiduría que procede de Dios, y se repite la oración que había hecho Salomón, Rey de Israel, nueve siglos antes, con otras palabras: Oré y me fue dada la prudencia, supliqué, y descendió sobre mí el espíritu de Sabiduría.
Y dice que la prefiere al poder y a las riquezas:
Tuve por nada las riquezas en comparación con ella...todo el oro comparado con ella es un poco de arena, y la plata, a su lado, es como barro.
Más aún, dice que junto con la Sabiduría le vinieron todos los bienes.
De este texto se ha desprendido toda la doctrina cristiana sobre la prudencia, que debe ser la virtud principal del gobernante, como el Rey Salomón.
No parece que la pidan mucho los gobernantes actuales del mundo, incluidos los nuestros.
Porque “hay” que pedirla. La Sabiduría es un don de Dios.

Y es un don de Dios, porque la Sabiduría es un atributo de Dios. Es algo esencial en Dios.
Es la que estuvo presente en la Creación y la que guía los acontecimientos de la historia de la Salvación.
En este libro la Sabiduría aparece personificada, y está anunciando la aparición que tendría lugar poco después: el Hijo eterno del Padre es la Sabiduría eterna de Dios, y se iba a encarnar. Jesucristo es la Sabiduría misma de Dios.
Así habla y así actúa. Y no cambia: es Sabiduría eterna.

En el evangelio, vemos que se acerca este joven, que busca una respuesta sabia.
Y le hace una pregunta también sabia, porque se refiere a lo más importante, como la súplica orante de Salomón. Le pregunta:
¿Qué debo hacer para heredar la Vida eterna?
Ojalá todos buscáramos esto y preguntáramos por esto.
El sabio en la Biblia, no es el que sabe muchas cosas, sino que el que sabe vivir, el que vive según Dios.
Aquel joven buscaba la Sabiduría de la Vida, y fue derecho a Jesús.
Intuyó que Él era esa Sabiduría y que le podía enseñar y guiar.

Jesús le respondió enseguida, claro y breve.
Le dijo que debía cumplir los mandamientos, y comenzó por citarle los de la segunda tabla, es decir, los que se refieren al prójimo, del 4to al 10mo.
Notablemente, el joven dice que ya los cumplía, y por eso dice el texto que Jesús lo miró con amor, y entonces agregó el resto de su respuesta, llena de sabiduría divina: Solo te falta una cosa: ve vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo.
Después, ven y sígueme. Lo llevó a los mandamientos de la primera tabla, a los primeros tres, que se refieren a Dios, y donde ya estaba dicho que había que amarlo sobre todas las cosas.
Y le señaló al joven que Él era ese Dios, y que la verdadera sabiduría consiste en seguirlo a Él.
Que lo prudente es seguirlo a Él. Lo llama al apostolado pleno.
Y la consigna, otra vez como al rey Salomón, es primero no buscar las riquezas de este mundo.
Y lo lleva a una renuncia total: vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo.
Después ven y sígueme. El joven no quiso aceptar esto último, porque poseía muchos bienes, no se animó a dar el gran paso sabio.
Pero el texto nos dice que se fue triste y apenado.

La reacción de Jesús no significaba predicar una revolución social en que se exija la renuncia a la propiedad, ni es una condena y exclusión del reino de los cielos a los ricos.
No condena las riquezas en sí, ni su legítima posesión, sino el apego a las mismas, y los placeres y abusos que pueden engendrar, el peligro que significan si están buscadas y poseídas en sí mismas como un fin, porque esto es idolatría, es la sustitución de Dios, de la verdadera Sabiduría por una mera astucia propia de los negocios y las finanzas.

Hoy vemos cómo, por hacer prevalecer los bienes de este mundo y el poder que dan, muchos gobernantes, en todos los niveles, renuncian a la Sabiduría que viene de Dios.
Por ejemplo, aceptando la teoría de género por unos cuantos dólares, como ocurre aquí ahora mismo con en el acuerdo con las organizaciones internacionales.
El presidente lo ha dicho con todas las letras en el G20 de mujeres: la implementación de la teoría de género de modo transversal y sin vuelta atrás.

Por supuesto, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres era el llamado de Jesús a aquel joven concreto, que no se puede aplicar a todos.
Pero Jesús habla siempre de modo universal, y su respuesta es una advertencia universal, como dice en otra parte: no se puede servir a dos señores, no se puede servir a Dios y al dinero (Mt 6,24). O como dice en el sermón de la montaña: busquen primero el Reino de Dios, y lo demás vendrá por añadidura (Mt 6,33). El Reino de Dios es Jesús mismo.

A Salomón le dio la Sabiduría que había pedido y también las riquezas que no había pedido.
De hecho, está indicando un camino que es una paradoja: dejarlo todo para tenerlo todo.
Porque los apóstoles le dicen luego: Tú sabes que lo hemos dejado todo y te hemos seguido, como diciendo que ellos no obraron como ese joven que acababa de irse.
Y la respuesta de Jesús es contundente.
Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por el Evangelio, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas…etc. Por supuesto, Jesús no está queriendo decir que recibirían más bienes aquí por haberlos dejado, porque sería una contradicción, sino para que se entienda la recompensa de seguir a Cristo.
Y agrega incluso aquello que el joven buscaba: y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.
Añade sin embargo que en este mundo tendrán todo eso pero en medio de las persecuciones.
Los primeros cristianos ya vivían estas persecuciones cuando se escribía este evangelio, de modo que era una consolación para los mártires saber que recibirían la vida eterna luego del sufrimiento.

En síntesis, hay que buscar a Jesús primero, hay que seguirle, sin condiciones, poniendo todo a su disposición.
En un caso será dejarlo todo, si es un llamado al sacerdocio o la vida consagrada; en otros casos será el uso justo de los bienes que se poseen, puestos al servicio de Dios y del prójimo, el ser dueños de las cosas y no sus esclavos.
Vivir como administradores de los bienes que proceden de Dios.
Esto incluye el abandono en la Providencia divina, la generosidad de la limosna, el desapego (que en épocas de crisis como la actual hace de la necesidad virtud), el rechazo al materialismo y consumismo que aparta de la verdadera Sabiduría, la esperanza de las riquezas del cielo, el tesoro escondido que es Cristo mismo.

Esta vida es la única ocasión, la única situación en que nos pone Dios para que decidamos, como aquel joven del evangelio.
Aunque haya distintos modos de vivir, hay una sola Sabiduría que debemos pedir, y que tiene que ver realmente con nuestro futuro. Porque todos tendremos que dejarlo todo cuando el Señor nos llame de este mundo, y cada uno de nosotros, frente a Él, debamos dar cuenta de nuestra administración, de lo que hemos hecho con el don de la vida, y con los bienes que nos fueron concedidos.